Hepatitis C, salud, divino tesoro

La vida es un verdadero abanico de opciones. Realmente es tan grande la cantidad de oportunidades que nos ofrece que nunca agotamos el poder de asombro cuando pensamos a qué podríamos dedicarnos, aparte de aquello que ya hemos elegido, sea un determinado trabajo, una profesión, un deporte, el arte, el estudio.
Sólo debemos reflexionar, investigar, resolver, emprender y…tener salud. Sí. Salud, esta palabrita tan magna, tan simple, con ella todo, sin ella muy poco.

Empecemos por el principio, ¿qué significa cuidarla?, ¿qué significa tenerla? Supongo que para definirla podemos hacerlo de diferentes maneras, se me ocurre una muy simple: “Mediano equilibrio entre el cuerpo y la mente en sus estructuras y funcionamiento”.

Claro, la lástima es que estamos plagados de enemigos, los de adentro y los de afuera.
Sino ese equilibrio sería más fácil. Pero si estamos advertidos de los peligros que corremos, quizás podríamos evitar algunos, creo.

Un día, deambulando feliz por la vida, con la lucha que conlleva ese camino, supe que tenía Hepatitis C.
¡Hepatitis C! ¡Já! Un enemigo “adentro”.

No es cualquier enfermedad. Esta dejó en mí un aprendizaje de vida tan valioso que quizás ni la más encumbrada de las universidades hubiera podido lograr. Supe que somos 200 millones de infectados en el mundo. Más que el Sida. Y que solo el 2% lo sabemos.

Me contaron que prácticamente se contagia sólo por sangre, es decir transfusiones, tatuajes sin las debidas precauciones, jeringas compartidas, máquinas de afeitar. No como las otras hepatitis que se contagian de otra manera. Y me pregunté porqué mucha gente entonces no quiso tomar mate conmigo cuando supo que me pasaba. Mi hígado estaba enfermo porque los malos médicos no supieron “verla” a tiempo.

Como es una dolencia que da pocos síntomas, puede pasar desapercibida. Por ello es importantísimo hacerse la detección del virus C, sobre todo las personas que tuvieron transfusiones antes de 1993.
¡Caramba! Si hubiera sabido…

Viví un año de un tratamiento que fue muy cruel para mí. En su transcurso descubrí que tenía una potencialidad para sobrellevar esa etapa larga y difícil. Era la escritura. Y así, paradójicamente, escribiendo sobre hepatitis C me olvidaba un poco de ella.
Como terminé creando un libro, comprendí que todos tenemos algo muy adentro nuestro que podemos intentar usar en situaciones especiales, de enfermedades cruentas, de dolor, de ausencias.

Me reencontré con la salud.
La saludé con el respeto que merece.

Edith Michelotti en Rosario 3 – 16 de julio de 2007

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